Época: Villalonga, Galicia; un primer curso escolar, hace mucho3 min de lecturaPublicado:
Tenía seis años y rechazó la letra a
En una escuela de aldea de Galicia, una clase de principiantes copiaba las cinco vocales. Un niño iba de maravilla con la o, llegó a la a y presentó una queja.

En una escuela de aldea de Villalonga, en Galicia, una clase de principiantes copiaba las vocales. A, e, i, o, u, en fila, y debajo tantas de cada una como cupieran.
Un niño iba de maravilla con la o. La o es una letra generosa. Das la vuelta, llegas al punto de partida y paras.
Luego la a. Das la vuelta, como con la o, y entonces hay una pieza extra al lado: el rabito. Y el rabito no salía. Le quedaba demasiado largo. Le salía torcido. Se le escapaba del círculo. Lo borró hasta que el papel se puso gris.
Así que dejó el lápiz, fue hasta la mesa de la maestra y anunció que esa no la hacía.
Su maestra, que todavía contaba la historia años después, le preguntó por qué. Esa pregunta es toda la historia. Él señaló su ficha y dijo, en gallego, que no le gustaba nada ese rabito.
No se negaba a aprender a escribir; se negaba a dar el visto bueno a una letra que consideraba sobrediseñada.
La mayoría aceptamos el alfabeto tal como viene. Copiamos durante años antes de que se nos ocurra objetar algo, y para entonces ya no tenemos legitimidad. Este niño llevaba una semana con el alfabeto y ya había encontrado un defecto de fábrica.
Reconozco el tono de la queja, porque lo he usado con cada mueble de kit que he montado en mi vida. El armario del mayor en Copenhague tenía una pieza, la pieza F, que no servía para nada y no encajaba en ningún sitio. Mi marido dijo que toda pieza tiene su función. Yo dije que la pieza F no. La pieza F sigue en el cajón de debajo del horno, cinco años y tres países después, y a veces la saco para demostrar que tenía razón.
El niño aprendió la a, claro. Todo el mundo acaba aprendiéndola. El rabito viene incluido. Pero me gusta pensar que su maestra entendió que había hecho algo rarísimo para un niño de seis años con un lápiz: había mirado el sistema entero y había presentado una reclamación a la dirección.
Todavía se lo encuentra, según parece, en sus paseos: un hombre hecho y derecho que se para a saludarla. Ella no le menciona el rabito.
La pequeña está aprendiendo letra ligada. Ha protestado contra la Q mayúscula, porque «parece un 2 que se ha caído», y ha redactado una carta de queja para su colegio.
No ha podido mandarla. Se niega a escribir la Q de la dirección.
Sobre esta historia: las escenas y los diálogos son imaginados o recreados libremente. Los datos sobre los colegios mencionados proceden de fuentes publicadas, que citan nuestras fichas de colegio.