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Cuadernos de la escuela

Época: Un Halloween en la American School of Barcelona, 20083 min de lecturaPublicado:

Dieron las cuatro y Halloween se negó a terminar

Dos antiguas alumnas de la American School of Barcelona recuerdan el Halloween de 2008, cuando los profesores hicieron el espectáculo y el día no se detuvo en la puerta.

Calabazas imaginadas y una máscara junto a la pista de un colegio.
Ilustración

En mi familia, Halloween es una negociación que empieza en agosto y termina el 31 de octubre a las 19.40, cuando mi marido apaga la luz del porche y se tumba en el suelo del recibidor para que nadie lo vea a través del cristal.

En la American School of Barcelona, en 2008, era una jornada completa, y dos antiguas alumnas que la recordaron años después la describen como unas fiestas con horario.

Empezaba con disfraces y un desfile alrededor del colegio, un circuito de brujitas, gatos y cosas que eran sobre todo cartón. Luego los niños se sentaban y empezaba el espectáculo, y los artistas eran los profesores. Durante una mañana los adultos fueron el espectáculo y los niños el público, que es como todo niño de ocho años cree que debería funcionar un colegio.

Había caramelos. Había una película, anunciada como de miedo, que daba miedo. Y luego, a la hora en que un padre razonable llega a recoger a un niño razonable, el día siguió sin ellos. Halloween continuaba al lado, en La Mallola, donde los niños iban de puerta en puerta al anochecer pidiendo caramelos con sus bolsas.

No sé expresar del todo cómo caería esto en mi casa. Llevo años educando a mis hijos en la idea de que una jornada escolar tiene bordes. Recojo a las 15.30. El día se acaba. Y aquí había un colegio donde Halloween saltaba la tapia y seguía, como una fiesta que ha encontrado un segundo piso.

Juntando los dos recuerdos sale un único día larguísimo: el desfile, los profesores en el escenario, los caramelos, la película y luego la vuelta por La Mallola en la penumbra, recibiendo cosas de desconocidos a propósito. Ninguna de las dos menciona volver a casa.

Intenté traerme una versión. El año que vivimos en Madrid anuncié un Halloween con desfile, espectáculo y truco o trato. El desfile fueron tres niños dando vueltas a la isla de la cocina. El espectáculo fue mi marido con una sábana, que se negó a quitarse para la foto alegando su reputación profesional. El truco o trato fueron los vecinos, a los que nadie había avisado, y uno de los cuales le dio a la pequeña una mandarina y el teléfono del administrador de la finca.

A las 19.40 la pequeña preguntó si ya se había acabado.

Mi marido, desde el suelo del recibidor, dijo que sí. Ella fue a confirmarlo con los vecinos.

Sobre esta historia: las escenas y los diálogos son imaginados o recreados libremente. Los datos sobre los colegios mencionados proceden de fuentes publicadas, que citan nuestras fichas de colegio.